Poetas, experimentoDenise Levertov. El crecimiento de un poeta

Poeta precoz, educada en casa en un ambiente de gran estímulo espiritual, social y literario (su padre era pastor anglicano de origen judío; su madre, cristiana galesa), a los doce años se «atrevió» a enviar a T. S. Eliot un puñado de poemas, quien le respondió alentadoramente; casada con el escritor norteamericano Mitchell Goodman, a finales de la década de 1940 ambos se instalaron en Nueva York. Pronto abandonó el estilo del nuevo romanticismo inglés, al que pertenece su primer libro de 1946, The Double Image

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Denise Levertov. El crecimiento de un poeta

Mensaje por Comun » 28 Oct 2019 13:10

El crecimiento de un poeta
(Versión al español de Sandra Toro)
POEMA TOMADO DE ALTAZOR
http://www.revistaaltazor.cl/denise-levertov-2/



i



Él recoge botones de vidrio del fondo del mar.

Las branquias de la mente palpitan en el agua insondable.



Descubre granos de arena dorados

en el diccionario infinito. Cada uno tiene su gemelo

en alguna orilla al otro lado del mundo.



Ciego a lo que todavía no necesita,

tantea su camino sobre vidrios rotos

hasta dar con la única piedra que cabe en su palma.



Cuando abre los ojos, le da a lo que contempla

el reconocimiento que ninguna mirada le otorgó.

Lo transforma en palabra, que se sacude y levanta vuelo.





ii



“Lo que ha de dar luz debe soportar arder”

Viktor Frankl ” The Doctor and the Soul”




Ciegos, hasta que soñando en gris

chispean verde, sus ojos

encienden una calle de ceniza,

la carne amarga

de una bailarina al amanecer,

la última mirada de la luna

por encima del hombro

al mediodía.

Se apagan, y las llamas

siguen ardiendo,

perdurables.





iii


Sordo hasta que oye

la respuesta:

campana

amable, que dobla

y habla

del Tiempo fiel, esa corriente

(incesante) de la sangre fiel.

Las respuestas echan abajo

los límites

(esos diques pretenciosos),

y la pregunta se revela.



Las preguntas, piedras

desprovistas de tierra,

golpes en la puerta, son un latido

en la sien:

la danza insistente

del Quién, el Cómo y el Dónde,

las manos en la cintura del Cuándo.





iv



Uno por uno,

cuando les llega la hora, los libros

saltan de los estantes.

Pisan fuerte (otra vez, polvorientos, ajados,

¡pero prístinos!)

para dar a luz:

la pasión de cada poema

acaba en una Pascua,

en una nueva vida.

Los libros de los muertos

sacuden sus hojas,

las palabras-semillas vuelan

a depositarse sobre la tierra negra.





v



Las tazas de café se le caen de las manos,

se le escapan los picaportes y

las puertas se golpean.

Los escritorios antiguos se rompen cuando

apoya los codos —Tauro,

pateando y corcoveando, cruza con la cabeza gacha

el campo exiguo.

Pero las sobras de madera

que encontró en la calle una noche, cuando los vientos

deshuesaban la oscuridad hasta volverla un brillo de acero,

en manos del poeta se vuelven

una mesa,

redonda y

bien parada sobre su única pata.





vi



Hacer poemas es encontrar

una silla vieja en la banquina

y llevarla a casa,

al altillo;

un caballo perdido en el lago,

un barco extraviado en la maleza de la orilla,

fosforescente.



Y luego, en la mecedora rota,

despegar —¡hacia la realidad!—

Al reino de la ambrosía y el pan duro

no se llega arrastrándose.



Recién cuando los pies empiezan

a bailar, cuando la silla

rechina y galopa,

se abren las puertas

y nos

descubrimos

adentro

del reino sin rey.





vii



El toro salvaje de la luna

que es el poeta

pasta solo

en un campo de gotas infinitas de trébol rojo

empapadas de rocío

entre arpones de pasto

que son las palabras



Sobre el alambre de púas, una tropa

de chicos y jóvenes

que son la multitud

del poeta,

silenciosos, sin aliento,

van a su encuentro.



Quieren

practicar la danza

que prepararon en secreto.

Él respira,

les arroja de lejos su aliento verde,

fresco,

los mira con inocencia

tras la plata de la luna llena

y arremete

feroz.

Ellos

se apartan,

se burlan,

con sus abrigos como capas,

él lanza

el florecer agónico de cuernos

y les encanta, se imaginan

el sol caliente de la matanza sagrada.



La plata se disipa,

implacable. Para el amanecer

desaparecen, y él oye

cómo vibra

el alambrado que treparon.





viii



El perro de la sombra

obstruye el umbral.

Es solamente una sombra ¡Pero

muerde!

Tratá

de entrar, tratá

de salir:

el obstáculo

te hunde

los dientes

en la carne, y

la sangre fluye.

No son

dientes de sombra,

son sucios

y afilados.



*



La ponzoña sube

desde el pie desgarrado

hasta el corazón. Y le hace

un nudo.



Un chirriar:

de frenos en la calle,

de una voz

insospechada, que llora

a través de los labios

del poeta, negando

la poesía,

el latido

violento de las alas

enjauladas de la mente.



Polvo en la lengua.



Tormenta

de plumas rotas.

Que caen.

Caen—





ix



El balanceo jasídico

siempre adelante y atrás,

adelante y atrás,

en perfecta armonía con las palabras,

una y otra vez

todos los días del año



—excepto uno:

el día en el que el Templo es destruido

que también es

el día que nace el Mesías,

ese único día, el balanceo

es de un lado al otro

de un lado al otro,

un oscilar

como el de los árboles al viento.





x



Sobre su única pierna dolorida

el poeta

aprende a pararse firme

y a sostener

la mesa redonda de su

página en blanco.

Cuando sople el viento

su madera

será árbol otra vez.

Va a agitarse,

va a suspirar y a cantar.





xi
“Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende“

Manuel Torres, citado por F. G. Lorca
Y ahora los sonidos

son verdes, la insignia desafiante

y muda de un copo de nieve:



ahora los sonidos

se quiebran con fulgores de mica,

raspan con carbonilla,

llaman con la calma de oboe del cuarzo rosa:



ahora los sonidos

son flautas de hueso, eco

del cañón más hondo, sonidos que solo

pueden escuchar las estrellas más tempranas y más pálidas:



y ahora los sonidos

son negros. Sonidos negros.

Negra. La canción profunda

escarba.




POEMA TOMADO DE REVISTA ALTAZOR
http://www.revistaaltazor.cl/denise-levertov-2/
+
https://es.wikipedia.org/wiki/Denise_Levertov
https://batalladepapel.blogspot.com/2013/02/denise-levertov-poesia.html
https://laboratoriopoetico.blogspot.com/2008/02/denise-levertov-sobre-la-funcin-del.html
https://totodecaprio.blogspot.com/2014/01/denise-levertov-muerte-en-mexico.html



Denise Levertov, poeta y algo más

Figura imprescindible de la poesía y la crítica norteamericanas del siglo XX, Denise Levertov (Reino Unido, 1923-EE. UU., 1997) es conocida en nuestro idioma casi exclusivamente como poeta, y ello solo de manera parcial, ya que es difícil resumir en unas cuantas antologías diecinueve libros de poemas publicados entre 1946 y 1999. Poeta precoz, educada en casa en un ambiente de gran estímulo espiritual, social y literario (su padre era pastor anglicano de origen judío; su madre, cristiana galesa), a los doce años se «atrevió» a enviar a T. S. Eliot un puñado de poemas, quien le respondió alentadoramente; casada con el escritor norteamericano Mitchell Goodman, a finales de la década de 1940 ambos se instalaron en Nueva York. Pronto abandonó el estilo del nuevo romanticismo inglés, al que pertenece su primer libro de 1946, The Double Image, para empaparse de las vanguardias poéticas del nuevo continente, sobre todo a raíz de su lectura de William Carlos Williams. Pasó así de la noción de poema «acabado» de reflexiones y emociones sutiles al llamado «poema en proceso», donde se busca la complicidad del lector en un «estar haciéndose» que no duda en incorporar el estilo demótico, en apariencia banal pero lleno de energía expresiva, del habla popular estadounidense.
https://www.jotdown.es/2017/08/denise-levertov-poeta-algo-mas/


DENISE.jpg

"Dos niñas descubren
el secreto de la vida
en un repentino verso de
poesía.

Yo que no conozco el
secreto escribí
el verso. Ellas
me dijeron
(a través de un tercero)

que lo habían encontrado
pero no qué era
ni siquiera
qué verso era. Sin duda

ahora, más de una semana
después, han olvidado
el secreto,
el verso, el nombre del
poema. Las amo

por encontrar lo que no
puedo encontrar,
y por amarme
por el verso que escribí,

y por olvidarlo
y así
mil veces, hasta que la muerte
las encuentre, puedan

descubrirlo otra vez, en otros
versos
en otros
hechos. Y por

querer conocerlo,
por

asumir que hay
tal secreto, sí,
por eso
sobre todo."
-

.


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